Por Bernard Smith
Presidente de la Junta de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos.
(Basada en charlas del Sr. Smith en las primeras seis Conferencias de Servicios Generales)
A medida que se aproximaba la época en que yo iba a dejar de servir como Presidente, me hallé a mí mismo pensando en muchas cosas; en aquellos días excitantes de la lucha inicial cuando A.A. estaba tomando forma; en las muchas amistades que A.A. ha hecho posible para mí, una persona no alcohólica; en las incontables y gratas experiencias que me han acontecido dentro de la comunidad de A.A. ; en lo maravilloso que es el ver que en tan corto tiempo, A.A: hubiera producido una Conferencia de Servicios Generales con una parte ten numerosa de nuestra Sociedad representada por los delegados escogidos.
Más que cualquier otra cosa, tal vez, pensé en el milagro de la forma cómo se presenta el tiempo dentro de A.A., cómo las cosas parecen empezarse en A.A., únicamente cuando la oportunidad se presenta adecuada; cómo hemos discutido sobre asuntos pospuestos únicamente para darnos cuenta y agradecer posteriormente que esos asuntos se postergan solamente, debido a que la época para hacerlo no se había presentado.
Y pensé también en el dedo de Dios que determina nuestro curso, como individuos, como comunidad y en nuestra relación con el mundo que nos rodea. Claramente pensé, los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos deben haber sido concebidos espiritualmente para colocarnos ante un reto serio y creciente para todos, los alcohólicos y no-alcohólicos. ¿Cuál es ese reto? Es el reto a una generación que negaría las bases espirituales de la existencia humana, para aceptar en su lugar una base aceptada general y socialmente, mecánica y materialista. Es un reto ante el cual A.A., nunca se rendirá, porque el fundamento de su fe y su misma existencia se basan en la certeza de una base espiritual para la vida sobre la tierra.
Confieso que cuando me vi expuesto por primera vez a A.A., no pensé en términos de conceptos amplios y sociales o en aplicación de grandes verdades espirituales a los problemas que todos los hombres comparten en su búsqueda de lo que cada uno puede concebir como felicidad.
Las circunstancias de aquella primera exposición fueron bastante prosaicas. Los primeros miembros de A.A., y algunos de sus amigos no alcohólicos, conscientes de la necesidad de crear una estructura de servicio simple pero efectiva para el movimiento que estaba iniciando, necesitaban un abogado que les ayudara a enmarcar la documentación con miras a la incorporación de la Fundación Alcohólica, que ahora conocemos como la Junta de Servicios Generales de A.A.
Un amigo mío que era (y lo es todavía) miembro de A.A., me sugirió que conociera a Bill. Nunca podré olvidar aquella primera reunión en mi oficina, una tarde de hace quince años, y la larga conversación que tuvimos esa noche. Y siempre estaré agradecido con mi amigo que nos presentó a Bill y a mí en aquella tarde memorable; porque en alguna forma misteriosa me encontraba listo para recibir el mensaje de Bill.
Aprendí algo entonces para lo cual parece que yo hubiera estado preparándome durante toda mi vida. Lo que Bill estaba logrando comunicarme era el hecho, por entonces sorprendente, de que en Alcohólicos Anónimos, cuando los hombres dejan de beber para aplicar los Doce Pasos a sus propias vidas, lo que hacen –en efecto- es empezar a vivir sobre una base espiritual.
Para mí, como no-alcohólico, fue un gran hallazgo comprender que Alcohólicos Anónimos era una forma de vida para mí también, y para muchos otros como yo que nunca habían buscado el escape en una botella o en aquellos otros refugios hacia los cuales se vuelven los hombres para huir de las presiones del mundo materialista. El alcohólico activo, como parece claro para todos aquellos que observan la humanidad actual, no tiene el monopolio de la infelicidad o del sentimiento de que la vida carece de propósito y de motivación.
Durante todos los años desde aquella primera reunión con Bill, años maravillosos en los cuales he tenido el privilegio de servir como miembro y como Presidente de la Junta de Servicios Generales, nunca he perdido la seguridad inicial de que A.A., es mucho más que una comunidad de alcohólicos recuperados, sino que ciertamente es una forma de vida para todos aquellos que han perdido su camino en este mundo convulsionado.
He tratado frecuentemente de definir la comunidad de A.A., con muy poco éxito, hasta un día en que, encontrándome en Inglaterra, escuché por radio un programa del Canónigo C.E. Raven, famoso líder religioso británico. En el curso de su programa, el Canónigo Raven estableció las condiciones de una verdadera comunidad, con estas palabras:
“Para que exista una verdadera comunidad son necesarias tres condiciones: la posesión de un ideal común que involucre el alejamiento completo de la división y el egoísmo. El propósito de una tarea común lo suficientemente grande para capturar la imaginación y darle expresión a la lealtad. Y la camaradería, la cualidad de unión, mezcladas en tal forma que puedan encontrarse la alegría y la fuerza de pertenecer a una sociedad orgánica que se compromete en un servicio de tiempo completo. Podemos encontrarla en su mayor amplitud cuando el ideal es alto y valioso, cuando la tarea se extiende y se integra a cada onza de nuestra fortaleza y a cada elemento de nuestro ser, cuando la camaradería es tan sólida y profunda que respondemos unos por otros sin esfuerzo consciente, nos damos cuenta de la necesidad inefable y reaccionamos a ella espontanea e inmediatamente.
Bajo tales condiciones, toda la vitalidad que nosotros derrochamos usualmente en nuestros celos y vanidades, manteniendo apariencias y tratando de colocar a las demás personas en su propio lugar, esa energía se vuelve disponible para el uso creativo”.
Creo que estas palabras tienen significado para A.A., no sólo como definición de una verdadera comunidad y de nuestras metas y actitudes, sino para recordarnos que A.A., no es un organismo social estático y pasivo sino, en su más amplio sentido una fuerza dinámica y creativa que pone en acción nuestro poder latente para vivir y para actuar constructivamente.
Hace no mucho tiempo volaba sobre los desiertos de nuestro Suroeste. Aquí y allá, saliendo de la nada, se encontraban tímidos retazos de exuberante vegetación, rodeados por enormes de desierto árido y pardo. Empecé a pensar en las enormes fuentes de agua subyacente bajo esta extensión desértica, las cuales, de aflorar, harían que todo el desierto empezara a florecer. Pensé que: “Dios suministra el aguapara nosotros pero tenemos que cavar los pozos”
Asimilé aquellos retazos de vegetación a nuestros grupos en los cuales, con la fe derivada de los Doce Pasos, cavamos pozos que causaron el florecimiento de los retazos verdes en nuestro desierto de la vida. Reflexioné que hemos aprendido que nosotros solos no podíamos transformar el desierto en el cual vivíamos; no podíamos excavar el pozo por nuestros únicos recursos. Porque: “en Alcohólicos Anónimos, el todo es mayor que la suma de las partes”. El poder que se refleja del grupo, de nuestra comunidad, extrae algo más de cada uno de nosotros de lo que nosotros mismos podemos suministrar. Cada uno de nosotros, a su vez, extrae de la represa espiritual de nuestra comunidad el valor y la voluntad adicionales que a nosotros nos hace más fuertes y a nuestra comunidad más grande.
Lo que podemos extraer de la vida de acuerdo con los principios de A.A., es mucho más de lo que el mundo materialista considera como felicidad.
Recientemente tuve ocasión de examinar la definición de felicidad en un diccionario moderno. Para mi sorpresa, en la primera definición se leía “buena suerte, buena fortuna, prosperidad”. Esta definición materialista está muy lejana del concepto de felicidad que se puede encontrar en A.A.
La segunda definición en ese diccionario, era directamente aplicable a la clase de felicidad que los hombres y mujeres buscan y encuentran en Alcohólicos Anónimos; esa clase, que puede mantenerse viviendo de acuerdo con los Doce Pasos. Esta definición dice: “Un estado de bienestar caracterizado por una permanencia relativa, por una emoción agradable y dominante, que varía en valor desde la mera alegría hasta el júbilo total, y por un deseo natural por su constitución”.
Si medimos la felicidad por los términos de esta definición creo que aquellos que viven de acuerdo con los principios de A.A., gozan de una mayor felicidad que cualquier clase o grupo de personas de los cuales yo tenga noticia.
He dado un profundo y detenido examen a estas definiciones. Reflexioné, por ejemplo, que las definiciones del diccionario siguen el uso corriente socialmente aceptado, y me perturbó el hecho de que la primera definición de felicidad estuviera implantada en términos tan materialistas como “buena suerte, buena fortuna y prosperidad”.
De suerte que me puse en la tarea de revisar varios diccionarios publicados a fines del siglo pasado. Encontré que la palabra “prosperidad” no aparecía en ninguno de ellos como parte de la definición de “felicidad”. Luego busqué un diccionario corriente publicado en 1927. Para esta época la definición “buena suerte, buena fortuna y prosperidad” no sólo habían aparecido sino que estaba en segundo lugar. Y en 1943 ya estaba en primer lugar, suplantando aquella definición con la cual nosotros en A.A., preferimos ser bendecidos, y ya se había alcanzado una concepción totalmente material de la felicidad aceptada como una definición y meta de los hombres y mujeres de la sociedad moderna.
Podría decirse por consiguiente, que nuestros Doce Pasos, si los juzgamos por los criterios de felicidad socialmente aceptados en nuestra época, son pasos reaccionarios. Pero son pasos que se devuelven para buscar el corazón universal del hombre, el espíritu verdadero de la humanidad. El mundo se habrá movido hacia adelante cuando nuestra definición de felicidad en el diccionario sea revisada en términos retroactivos.
Las verdades que emergen de una sociedad materialista tienden en ocasiones a ser paradójicas. Consideremos por ejemplo, esta simple proposición: “Yo soy un alcohólico”. La primera vez que un hombre o mujer se levanta delante de nosotros y dice, “Yo soy un alcohólico”, pronuncia estas palabras cuando ya no está bebiendo alcohol. Así cuando llega la ocasión en que los miembros se describen a sí mismos como alcohólicos, la sociedad deja de mirarlos como tales. Y sin embargo únicamente en el momento en que un miembro deja de beber es cuando comienza a describirse correctamente a sí mismo como un alcohólico.
Cuando los alcohólicos viven en forma materialista y beben excesivamente, rehúsan aceptar el calificativo de “alcohólico”. Pero cuando dejan de beber y se dicen a sí mismos y al mundo, “Somos alcohólicos”, el mundo reúsa verlos como tales.
Aquello que un mundo irreflexivo podría mirar como una derrota, los alcohólicos en A.A., lo conocen como un triunfo del espíritu, un triunfo de la humildad sobre el falso orgullo y el egoísmo. Cuan pocos seres humanos han tenido el coraje de levantarse ante sus vecinos y, con toda humildad, describirse verdaderamente a sí mismos diciendo: “Esto es lo que soy realmente”.
Hay dos momentos en los cuales la afirmación explícita de las palabras “Yo soy un alcohólico” tienen gran significación. Uno de ellos es la primera vez que un miembro pronuncia estas palabras en una reunión de A.A. Existe, sin embargo, otra ocasión anterior que tal vez es de mucho mayor importancia. Es el momento en que el hombre le dice a su padrino, en la oscuridad y desesperación de su alma, “Yo soy un alcohólico”. Y este momento nos indica otra paradoja de Alcohólicos Anónimos.
La paradoja es que el miembro de A.A., se aproxima a su hermano alcohólico que sufre no desde una posición superior y más fuerte por la recuperación que ya tiene, sino desde la posición del reconocimiento de las propias debilidades. El miembro A.A. le habla al recién llegado no con un espíritu de poder, sino con un espíritu de humildad y debilidad. No menciona la desorientación que tiene el alcohólico que aún sufre; menciona la desorientación que él mismo tuvo en otras épocas. No se pronuncia como juez de su prójimo sino como juez de sí mismo tal como había sido anteriormente.
La sociedad moderna, al referirse a un alcohólico, emplea la expresión “la esclavitud del alcohol”. Para el miembro de A.A., esta afirmación es paradójica en un sentido muy especial, en caso de que fuera totalmente cierta. Concretamente, el miembro nunca fue esclavizado por el alcohol. El alcohol simplemente sirvió como un escape de la esclavitud personal a falsos ideales de una sociedad materialista. Sin embargo, si aceptamos la definición socialmente aceptada del estado primigenio del alcohólico como de esclavitud por el alcohol, el miembro de A.A., no puede seguir resentido, porque le ha servido para liberarse de las trampas materialistas colocadas en todos los caminos que atraviesan la selva de nuestra sociedad. Porque el alcohólico tuvo primero que encarar el materialismo como una enfermedad de la sociedad antes de poderse liberar de la enfermedad del alcoholismo y liberarse de las enfermedades sociales que lo hicieron un alcohólico.
Los hombres y mujeres que utilizan el alcohol como un escape no son los únicos que tienen miedo de la vida o sienten hostilidad hacia el mundo y se evaden de él para buscar soledad. Hay millones que no son alcohólicos y viven actualmente en mundos ilusorios, que nutren las ansiedades e inseguridades básicas de la existencia humana, en vez de afrontar su propia condición con valor y humildad. Para esta gente, A.A., ofrece una cura que no es una poción mágica, ni una fórmula química, ni una droga poderosa. Pero pude demostrarles cómo usar las herramientas de la humildad, la honradez, la devoción y el amor que, ciertamente, están en el corazón de nuestros Doce Pasos para nuestra recuperación.
Hay todavía otra afirmación paradójica de la sociedad humana que tiene aplicación especial en A.A. Ésta afirmación es que “Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”. El corolario consiste en que la cadena es fuerte únicamente si no tiene eslabones débiles.
La paradoja de esta afirmación en cuanto su aplicación en A.A., es que en A.A., la cadena es realmente tan fuerte como su eslabón más débil. Porque la cadena interminable de A.A., crece en fortaleza al punto de que puede alcanzar los eslabones débiles, los hombres y mujeres que todavía sufren. En esta paradójica verdad descansa la certeza de la supervivencia de la supervivencia de la comunidad. La perpetuación de A.A., está fundamentada en la así llamada debilidad de aquellos seres humanos que se escapan de las bases materialistas de la sociedad a través del medio alcohólico.
Debido a que conocemos el tremendo impacto que A.A., puede tener sobre las generaciones que nos seguirán, hemos tomado tanto cuidado al construir la estructura de servicios de A.A., en la Junta de Servicios Generales, la Conferencia de Servicios Generales y las incontables oficinas de servicio que cumplen las tareas cotidianas esenciales de transmitir el mensaje de A.A., a través del mundo entero. Con toda razón Bill ha descrito esta estructura de servicio como un Legado, que merece la misma atención y comprensión que han sido prodigadas al Primer Legado de los Doce Pasos y al Segundo Legado de las Doce Tradiciones.
Pero este Legado de Servicio tiene un anexo. Ese anexo consiste en que se nos garantiza el uso de este legado durante toda nuestra vida, pero con la condición de que nosotros no solamente lo preservemos sino que tratemos de incrementar su contenido espiritual para las generaciones que vendrán después de nosotros. Cada generación sucesiva, a medida que reciba este legado, deberá protegerlo similarmente si desea emplearlo para ganar en su vida y para pasarlo a la siguiente generación con un contenido espiritual enriquecido.
La Conferencia de Servicios Generales de A.A., es, naturalmente, el instrumento práctico para la preservación, acrecentamiento y administración de este Tercer Legado de Servicio. El concepto de la Conferencia ha sido desde el principio simple y obligante. Se basa en la creencia de que todos nosotros quienes hemos estado asociados con A.A., tenemos una obligación con la sociedad. Esa obligación consiste en asegurar la supervivencia de esta comunidad, para que nunca se extinga esta antorcha de fe, esta luz radiante de esperanza para el mundo.
Es probable que no necesitemos una Conferencia de Servicios Generales para asegurar nuestra propia recuperación . Pero si la necesitamos para asegurar la recuperación del alcohólico que todavía tropieza en la oscuridad, en su búsqueda de la luz. La necesitamos para asegurar la recuperación de algunos niños recién nacidos que inexplicablemente están destinados al alcoholismo. La necesitamos para proveer, en contacto permanente con el Duodécimo Paso, un refugio para todos los alcohólicos que en el futuro puedan encontrar en A.A., ese renacimiento que trajo nuevamente a la vida a sus primeros miembros.
La necesitamos porque somos conscientes del efecto devastador de la tendencia humana hacia el poder y el prestigio que nunca debemos permitir que se introduzca a nuestra comunidad. Necesitamos una Conferencia para asegurar a A.A., contra cualquier clase de gobierno y al mismo tiempo prevenirla de la anarquía; la necesitamos para proteger la comunidad contra la desintegración al mismo tiempo que se evita la superintegración. La necesitamos para que Alcohólicos Anónimos y únicamente Alcohólicos Anónimos sea el depositario definitivo de sus propios Doce Pasos, sus Doce Tradiciones, y todos sus servicios.
Necesitamos una Conferencia para asegurar que los cambios dentro de A.A., se sucedan únicamente como respuesta a las necesidades y deseos de A.A., como un todo y no solamente de algunas de sus partes. La necesitamos para asegurar que las puertas de A.A., nunca se encuentren cerradas, para que todas las personas que tengan un problema alcohólico puedan entrar a nuestros recintos sin necesidad de responder preguntas y sabiendo que reciben afectuosa bienvenida. La necesitamos para asegurar que Alcohólicos Anónimos nunca tenga en cuenta la raza, el credo o la posición social de ninguna persona que busque y necesite nuestra ayuda.
He considerado un privilegio invaluable y una enorme experiencia e inspiración el haber podido servir a Alcohólicos Anónimos como Presidente de la Junta de Servicios Generales durante tantos años, posición que me permitió servir como Presidente de las primeras seis reuniones de la Conferencia de Servicios Generales. Cuando me retiré como Presidente, después de la sexta Conferencia en abril de 1956, no creí estarme retirando de A.A. Nadie que haya sido parte de Alcohólicos Anónimos como yo, puede retirarse. Simplemente se hace a un lado, pero continúa sirviendo dentro de las filas; dando de sí mismo, tan humildemente y tan hábilmente como pueda.
Yo no extendí mi renuncia como Presidente porque ya no deseara continuar en ese cargo. Asumí con mucho gusto esa responsabilidad. He encontrado, como no alcohólico, una gran satisfacción en la confianza que me han otorgado tantas personas. Para establecer una paradoja más, me retiro del cargo de Presidente movido por mi amor y mi devoción a A.A. Porque yo declaré hace muchos años y he continuado creyendo, que A.A., debe aislarse a sí misma del derecho perpetuo de servir. Ninguna persona debe tener el derecho de permanecer en un cargo de Alcohólicos Anónimos indefinidamente.
El simple hecho de que nadie haya pedido mi renuncia, y afortunadamente de que lo cierto sea lo contrario, afirma con mayor razón la tradición en la rotación en todas las posiciones de servicio de Alcohólicos Anónimos. Algún día esta tradición de que nadie pueda servir como presidente durante un período indefinido puede ser más valiosa de lo que hoy podemos apreciar. Con toda seguridad al mantenernos dentro del cuerpo no escrito de una comprobada tradición podemos aceptar a través de A.A., que, si bien Alcohólicos Anónimos es importante para la existencia del individuo, ningún individuo pude ser vital para la existencia de A.A. Es A.A., la importante; importante para aquellos que han sido rechazados por la sociedad y para aquellos que han rechazado la sociedad; importante para toda la sociedad humana como un símbolo de la fuerza de una gran reserva espiritual, de la cual todos podemos servirnos, si aspiramos a vivir una forma de vida verdadera.
Este preciosos mensaje que hemos recibido, y por medio del cual hemos tratado de vivir, ha resultado en nuestros logros con una medida de felicidad humana mucho mayor de la que se encuentra en la sociedad y el ser humano corriente que puebla nuestra tierra en el presente y que no ha sido sujeto al agudo sufrimiento del alcoholismo. Debemos, sin embargo, como individuos y como comunidad, preocuparnos siempre por la estructura de servicios de Alcohólicos Anónimos que protege y expande nuestra forma de vida. Porque continuaremos debiendo a las generaciones futuras la obligación solemne de asegurar que esta forma de vida sea disponible para ellas, así como ha sido disponible para nosotros.
Como no alcohólico, como estudioso de todos esos movimientos sociales de los cuales hemos derivado lo mejor de nuestra herencia actual, observo la comunidad de Alcohólicos Anónimos como el fenómeno espiritual más sobresaliente de nuestro siglo. Veo en el concepto de vida que se involucra en A.A., una gloriosa esperanza para toda la humanidad. Porque los miembros de esa comunidad son testigos de excepción de la verdad activa de que el hombre puede vivir la vida del espíritu y funcionar efectivamente dentro de un mundo materialista.
Así llega a su final esta primera generación en la vida de A.A.
Es rica en su fe, grande en su número y dedicada en su propósito. Me siento agradecido de haber tenido el privilegio de observar su irrupción en nuestra sociedad.
Al retirarme de la Presidencia de la Agencia de Servicios Mundiales de A.A., tengo que confesar un dolor que me asalta. Y es el no haber tenido la experiencia o los dones que me hubieran permitido hacer más de lo poco que he tratado de hacer para llevar adelante los propósitos de esta formidable y permanente comunidad.
(Extraído del libro “ALCOHOLICOS ANÓNIMOS LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD” páginas 268, 269, 270, 271, 272, 273, 274, 275, 276)
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