Escribir sobre el perdón no parece tan sencillo como lo creí al concebir la idea de mi próximo tema.
Las diferente ideas sobre el perdón son tan variadas que se ha perdido la esencia misma de la palabra.
“Perdono pero no olvido” me parece que es la frase que mas he escuchado sobre este tema.
Hay otra buena cantidad de frases comunes que involucran la palabra “perdón”
“Quiero verlo(a) humillado(a) de rodillas ante mí pidiéndome perdón y no lo(a) voy a perdonar”
“Que lo(a) perdone Dios porque yo no” “Jamás se lo voy a poder perdonar”
Pero me pregunto, ¿tenemos clara la idea que quiere transmitir la palabra perdón?
Perdón no es olvido, es imposible olvidar un evento en nuestras vidas que de una u otra manera nos haya marcado.
Muchas situaciones de nuestra vida no las podemos olvidar así como no podemos olvidar los números o las letras.
Luego entonces el perdón no es olvido.
Hemos escuchado gente decir, “perdona y olvida”
Si analizamos esta sencilla frase, están incluidas dos palabras y no sólo una.
Perdón y olvido.
A guisa de parecer repetitivo, aclaro una vez más que perdón no es olvido. Se puede perdonar, pero no se olvidan los eventos.
Luego entonces ¿Es correcto cuando alguien dice “perdono pero no olvido”?
La mayoría de las personas que utilizan esta frase, lo hacen dejando muy claro que el perdón no ha llegado a sus vidas. Aclaran enfáticamente (pero de manera oculta) que la “ofensa” de la que fueron “víctimas” jamás será perdonada y en la primera oportunidad que tengan harán que “pague” el ofensor “su culpa”
El perdón tampoco es un sentimiento.
¿Entonces qué es el perdón? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se perdona realmente sin olvidar?
El perdón es una decisión que yo tomo en este momento en este lugar, ahora mismo decido perdonar.
¿Cómo sé que he perdonado realmente?
Cuando el recuerdo del evento que estoy perdonando no me duele, no me afecta y menos me puede causar dolor.
Mi padre me dio una de las palizas mas brutales que he recibido en mi vida cuando yo tenía la edad de 4 años. No puedo olvidar semejante paliza, el recuerdo está y estará vivo en mi mente hasta el último de mis días porque fue una circunstancia que por la magnitud es imposible borrar de la mente. Pero cuando recuerdo aquella circunstancia de mi vida, no me causa dolor ni amargura en mi diario vivir, y mucho menos albergo sentimiento de venganza alguna contra el agresor como por muchos años la tuve.
Otras grandes masacres que recibí en mi cuerpo, fueron a manos de mi padrastro con el beneplácito de mi madre.. ¿Olvidar esos eventos? ¡Imposible! ¿Cómo borrarlos de la mente? Pero cuando llegan a mi cabeza esos recuerdos, no son ni agradables ni desagradables, simplemente son eso, recuerdos, circunstancias grabadas en mi memoria, que al evocarlas por una u otra razón, no causan daño en mi estado de ánimo, no hay dolor, no hay sentimientos de venganza y creo que de alguna manera, hay comprensión a los seres que en su momento por la razón que fuera atentaron contra mi integridad de ser humano al someterme a tan descomunales como tan desproporcionadas palizas.
¿Siempre lo vi así? ¡No! Por mucho tiempo viví engañado de haberlos perdonado, pero cada oportunidad que tenía quería herir a mi madre sacando el tema en los momentos en que sabía que más la iban a afectar anímicamente.
En otro ejemplo de cómo aplico el perdón ahora en mi vida contaré que recientemente una amistad a quien yo apreciaba mucho y pensaba que ella a mí, tuvo la ocurrencia de llamarme “ESTUPIDO” sin haber dado motivo para ello. Bueno, mi resolución fue perdonar la ofensa, quizá estaba en un mal momento, o algo habrá pasado que le orilló a llamarme así, bueno, está en su derecho de expresarse, y yo estoy en el mío de no dar una segunda oportunidad a que ocurra lo mismo, por amor a mi y amor al agresor.
Decidí perdonar la ofensa, he perdonado, el recuerdo no me mortifica, y por amor a esa amistad, no le puedo dar una segunda oportunidad de volverme a agredir verbalmente ya que si ocurrió una primer vez, es seguro que habrá una segunda, y una tercera…
¿Quién vive las consecuencias realmente de no perdonar?
¡Quien no perdona!
Un buen día, decidí perdonar, perdonar a todas aquellas personas que me habían lastimado. Tomé la decisión cuando comprendí que quien se estaba llenando de veneno era yo y nadie mas que yo.
“¡Es que yo no puedo perdonar tal o cual cosa!” –alguien puede argumentar-.,
No se trata de poder o no poder, se tratar de querer. Querer tomar la decisión de limpiar el alma, de sanar el corazón en aras de un beneficio propio.
Nadie sufre más que la persona que no perdona.
Yo un día decidí perdonar, y liberarme para siempre de ese rencor que no me dejaba vivir.
¿Por qué he de perdonar? ¡Porque yo también he ofendido a otros! Voluntaria o involuntariamente he hecho daño a terceros, a seres humanos, gente que me ha tendido su mano desinteresadamente le he dañado, he sido agresor.
Mucha veces he dañado hasta con una mirada, o con una sonrisa mal intencionada ¿no merezco el perdón?
¡Claro que lo merezco! Me gusta que me perdonen las personas que he ofendido.
“Perdonar para ser perdonado”
Pero que pasa con el agresor supongamos en un matrimonio dónde el patán marido ejerce algún tipo de violencia con su dama. ¿Ella lo debe perdonar?
Si. La respuesta es definitivamente un ¡Si!
Ahora entramos en un tema más profundo. Sabemos que el perdonar a un agresor es darle permiso para que nos vuelva a agredir.
Hay cientos de casos de los cuales la mayoría tenemos conocimiento en que el perdonar una primera ofensa a un agresor se convierte en más violencia al paso del tiempo, y más perdón nuevamente y más violencia hasta el grado en que muchas veces, el final es la muerte a manos del verdugo.
El saber perdonar implica saber fijar el límite.
Muchas veces se tiene confusión en este tema. Por ejemplo, la mujer maltratada huye a refugiarse en casa de algún familiar, el patán violento le pide perdón “prometiéndole que todo va a cambiar, que lo perdone pero es que ella tuvo la culpa por sacarlo de sus casillas al “responderle” si ya sabe como es cuando se enoja”
La maltratada y confiada mujer decide perdonar y regresa con el patán sólo para que le den otra felpa de padre y señor nuestro.
Y así se torna un círculo vicioso.
¿No que hay que perdonar?
Si. Hay que perdonar, y el perdonar implica amar. Amor en primer lugar a uno mismo y en SEGUNDO LUGAR AL AGRESOR.
¿Amor al agresor?
¡Por supuesto! El no fijarle un límite al agresor no es amarlo, y el permitirle que nos agreda cada que se le venga en gana, es NO AMARNOS NI PERDONARNOS.
Cuando se sufre una agresión, si, efectivamente hay que perdonar. Y el perdón es que el recuerdo de la agresión no dañe nuestro estado emocional, eso quiere decir que hemos perdonado, pero el que hayamos perdonado, no quiere decir que tengamos que estar en contacto nuevamente con quien nos agrede.
Una esposa maltratada, que recibió la primera bofetada del patán, debe dejarlo para siempre, porque el patán lo volverá a hacer una y otra vez, si lo hizo la primera ¿por qué no una segunda y una tercera? No importa que el patán se le hinque y le ruegue que lo perdone, que la ama y que no volverá a suceder. ¿Cómo puedo yo darle una bofetada a una mujer que amo?
¡Patrañas!
Jamás podría levantar la mano contra una mujer, y menos si es la mujer de mi vida, si ya lo hice una primera vez, habrá seguro una segunda y una tercera.
Perdonar al ofensor y no volver con él ni permitirle jamás bajo ninguna circunstancia que vuelva a golpear es una manera de amarlo, es mostrarle que no va por el camino indicado. El regresar con él y darle una segunda oportunidad de agredir, es no amarlo, es el inicio de una relación enfermiza y co-dependiente de violencia y amargura con desencadenamientos fatales muchas de las veces.
Perdón es decidir en este momento perdonar la ofensa del agresor, y el perdón es amor al agresor. El amor al agresor es no permitirle que me vuelva a agredir, ni verbal, ni física, ni social, ni mental, ni económica, ni espiritualmente. En eso estriba el perdón y el amor.
El perdón es saber marcar límites, ser responsable de mis actos y jamás querer responder por los actos de los demás, no soy responsable de las actitudes de mi agresor, no tengo sentimientos negativos por decisiones de terceros, pero tampoco permito que sus decisiones me dañen. Yo te perdono, y eso incluye que te perdono porque te amo, y porque te amo no habrá para tí otra oportunidad de que me vuelvas a agredir.
Perdonar el pasado.
Bien podemos estar cargando el rencor o coraje contra alguien por acciones del pasado, quizá con personas que ya no están cerca de nosotros, muchas de estas personas quizá estén muertas. El perdón es igual, una decisión de sanar MI corazón y mi alma en este momento.
Quizá alguien me diga ¿Pudieras perdonar al asesino de tu madre? ¿podrás perdonar a quien violo a tu hija recién nacida? ¿Podrás perdonar a quien secuestró y mutiló a tu hijo?
La persona (viva o muerta, lejos o cerca) que no perdonamos no padece, los que padecemos somos nosotros al no perdonar, nuestra alma se envenena y nuestro corazón envejece.
El perdón a nadie más ayuda que al que lo otorga, poco beneficia al que lo recibe, quizá en el lecho de muerte alguien que escucha de un ser querido “te perdono” pueda irse más en paz, pero al menos en vida, es seguro y lo afirmo categóricamente que quien otorga el perdón es el mas beneficiado que quien lo recibe.
Aunque creo que lo mas lindo de esta vida sería que nunca tuviéramos un motivo por el cual pedir perdón. Pero dado que muchas veces si lo tengamos que hacer, que sea por hechos que se puedan sanar con amor y no dejen heridas indelebles en el alma de los seres humanos.
Esta es mi opinión sobre el perdón. Una vez mas aclaro, que no soy la verdad absoluta, y cualquier otra persona que tenga una idea diferente a la mía sobre el tema del perdón, le será respetada.
Alex